Hay algo en la necesidad de ser visto, de ser escuchado que alimenta el ego. Y cuando lo buscas pero no lo encuentras, la espina de la soledad se hace eco. Y quizá sea el miedo lo que incita todo esto, toda esa rapidez, toda esa energía iracunda que hay que sacar porque si no revientas las tripas y duelen las muelas de tanto pretarlas. Así no, hay algo llamado silencio que asusta al principio hasta que ya no. Hay algo llamado paciencia que no arrincona y calma la emoción. Quizá escogimos mal las palabras: quizá empezamos por los límites y debimos empezar por aceptar las verdades que nos escuecen. Tal vez vimos en los otros cosas que despreciamos de nosotros. Tal vez el yo se nos subió demasiado. Pero, ¿acaso escuchamos?
Calabobos es puro lenguaje, la manera en que está escrito te atrapa. Sientes que la lluvia cala, bien hondo. Mariuca perdida, las vacas, la muerte, el deseo y las historias que circulan por el pueblo. Todo bajo una atmósfera cuidada que permite sumergirse en Cantabria y que denuncia la explotación turística de forma tan sutil que podrías pasarlo por alto. Una verdad simple como punto de partida: el Norte es verde porque llueve. Y un grito de orgullo: no hay otro verde así. Pero si hay un protagonismo es ese Calabobos, y la mar. Ambas rodean y absorben. Y ese contar que no deja que sueltes, que va impregnando poco a poco sin perder la continuidad, generando personajes complejos y misteriosos al mismo tiempo. Puedo decir que no deja indiferente, es más, que bonita forma de contar tiene Luis Mario.
A veces esta bien no escribir, a veces está bien no sentir nada, a veces esta bien el silencio. Hay muchas cosas que en pequeñas dosis nos hacen más y sin ser casi todas basta, porque si hablamos de todo la cosa cambia. Uno puede querer relacionarse socialmente, puede querer ser productivo pero al llegar a cierta continuidad y repetición se acaba hartando. El silencio continuado hace que imaginemos sonidos al igual que estar en un ambiente bullicioso hace que desconectemos, hemos generado nuestro propio silencio. Esta bien no estar bien y esta bien estarlo. Y parece redundante, pero lo realmente importante es aceptar que lo único realmente preocupante sería no estar.
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