Hay algo en la necesidad de ser visto, de ser escuchado que alimenta el ego. Y cuando lo buscas pero no lo encuentras, la espina de la soledad se hace eco. Y quizá sea el miedo lo que incita todo esto, toda esa rapidez, toda esa energía iracunda que hay que sacar porque si no revientas las tripas y duelen las muelas de tanto pretarlas. Así no, hay algo llamado silencio que asusta al principio hasta que ya no. Hay algo llamado paciencia que no arrincona y calma la emoción. Quizá escogimos mal las palabras: quizá empezamos por los límites y debimos empezar por aceptar las verdades que nos escuecen. Tal vez vimos en los otros cosas que despreciamos de nosotros. Tal vez el yo se nos subió demasiado. Pero, ¿acaso escuchamos?
Cartel de la película La película Sorda nos presenta la vida de una pareja formada por un oyente y una persona sorda. A simple vista podríamos esperar una versión española de CODA pero no. Nos muestra la crudeza de la maternidad, las situaciones discriminatorias que tiene que vivir la protagonista y sobretodo es una película que se siente incómoda. Porque te hace ver cosas de ti que no te gustan. Porque no entiendes y entiendes al mismo tiempo. Pero sobretodo porque genera conversación. Cuando ves un personaje como el de Ángela, que tiene sus luces y sombras, que se siente real porque es una película que busca eso: narrar la vida que puede tener cualquier pareja. Porque es una pareja más. Con sus más y sus menos. Una pareja que son madre y padre primerizos con un dilema moral gigante: ¿oirá mi hija? ¿Quiero que oiga? ¿En qué me convierto ahora? Muestra cada detalle mínimo de la película un espectro de emociones y situaciones que dejan huella, porque en ella se ve nos afecta el ent...
El miedo antes tenía menos poder, quizá porque no había ganado batallas importantes. Cuando lo hizo no se supo detectar su origen, unos decían que era odio, aversión. Otros, se enteraron tarde. Y los que lo sufrieron lo tenían tan dentro que aprendieron a convivir con él o a ser devorados. He visto muchos esclavos del miedo. Y es fácil, muy fácil, caer en la trampa de usar tu miedo creando miedo sobre otro, a veces sin darte cuenta. Un susurro en un bar, una risa, un grupo que poco a poco pisa. Y del susurro a la broma, y de la broma al asco, y del asco al rechazo y del rechazo al odio. Y lo que empieza inocente se vuelve turbio y obsceno. Se expande como el agua que empapa la tierra. Ellos lo saben, juegan con ello. No importa lo que hagas que acabas rodeado de agua empantanada. Y puede ser algo sencillo, que no se siente y de pronto llega un día que no te reconoces. Tenías unos ideales, una vida plena, pero ya no. Solo sientes eso. El hambre. Porque eso es. Ham...
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