Quise olvidarme, quise borrarte del espejo, pero siempre que me miraba, te recordaba. Y ahora que no te recuerdo, pasas a mi lado, como si nada. Y eso voy a hacer yo, pasar, como si nada. Pero a diferencia de ti, yo sonrío por mí, sin necesidad de nada, sin pasar sin nada.
Parece ayer, pero no lo es. Desdibujas mi piel sin saber, si en algún momento partiré. Nos mata el tiempo pero sobretodo la duda, ¿fuimos quiénes queríamos ser? Te lo diré después. Cuando caiga la lluvia, cuando ya no estés, que me agobia la verdad, porque hay verdades que aprietan. Lucero de espinas, del alma suicida, corre en tu huida, no pares, que ardes cuando respiras. Alumbra la vida, tras mi partida.
A veces esta bien no escribir, a veces está bien no sentir nada, a veces esta bien el silencio. Hay muchas cosas que en pequeñas dosis nos hacen más y sin ser casi todas basta, porque si hablamos de todo la cosa cambia. Uno puede querer relacionarse socialmente, puede querer ser productivo pero al llegar a cierta continuidad y repetición se acaba hartando. El silencio continuado hace que imaginemos sonidos al igual que estar en un ambiente bullicioso hace que desconectemos, hemos generado nuestro propio silencio. Esta bien no estar bien y esta bien estarlo. Y parece redundante, pero lo realmente importante es aceptar que lo único realmente preocupante sería no estar.
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