CONCEPTO
Siempre he pensado en el poder que tiene la palabra, como concepto mismo. Una idea que se apropia de un nombre, un nombre que se hace concepto.
¿Quién decidió qué? ¿Cómo surgió?
Lo único cierto es su verdad absoluta. Que la digamos o no, nos pertenece tanto como nos puede pertenecer cualquier otra, el sol da calor, el agua del mar es salada, son verdades absolutas pero nadie es dueño del mar ni puede tocar el sol.
Que la palabra existe para ser conducto, mensaje y vehículo. Otra verdad.
La belleza de su mera existencia, esa fascinación nunca me ha abandonado. Siempre ha dado sentido a mi vida. Leer era sumergirme en la más clara de las esferas, en el lugar donde nadie más podía alcanzarme.
Antes que ser, nuestra palabra más valiosa, ese nombre que nuestros padres escogen y que nos acompañará siempre, ya estaba en labios de otros.
Un nombre, no un número más, se nos da un nombre.
Y quizá la vida nos haga dudar del poder de la palabra, de nuestro propio valor, de nuestro propio propósito. Solo sé que cuando nada más me sostenía, cuando el silencio se apoderaba de todas las cosas, esperaba paciente a la siguiente palabra.
Es gracioso, porque suelen decirme que no tengo paciencia para nada, tal vez es una fe silenciosa que solo yo sé que existe. Ese valor y esperanza, de que llegará esa palabra. No una cualquiera, esa que tanto necesitas, y puede que esperes escucharla y en lugar de eso la veas escrita.
¿Qué palabra? La que sientes tuya, esa verdad que al reconocerla no puedes soltar, esa que hace que te levantes, esa que hace que pelees un día y otro. A lo mejor no es una sola, quizá necesitas una legión.
El mundo está lleno, hay tanto tanto ruido, tanto tanto silencio, y tan poca visión, que lo único que tienes que hacer es dejar de buscar, porque si algo sé, es que las palabras te encontrarán.
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